Tuerto, maldito y enamorado

La vida de Elisa, una joven madrileña, da un vuelco el día que decide ayudar a su hermana a preparar un trabajo de literatura sobre el escritor Lope de Vega. En la biblioteca de su instituto, el antiguo instituto san Isidro de la calle Toledo, se le aparece detrás de un libro un fantasma tuerto sobre el que pesa una terrible maldición y que no recuerda nada de su pasado. Solo Elisa puede liberarlo, pero antes deberá investigar en una historia de amor relacionada con la vida de Lope y su familia.
Lope de Vega


Novela juvenil ambientada en Madrid y ganadora del X premio Alandar, de la editorial Edelvives.
La autora, profesora de literatura, nos adentra en la vida de Lope de Vega, uno de los mejores y más prolíficos escritores españoles. E intenta hacerlo de la mano de la protagonista, que solo busca ayudar al espíritu de la biblioteca. También cuenta anécdotas y datos históricos interesantes de la ciudad.

Pero la novela mezcla dos géneros, el realista de la vida de Elisa y su novio en el instituto, con el fantástico, y no le sale del todo bien. No prepara las apariciones fantasmales con una atmósfera adecuada y acaban resultando poco creíbles. Aún más inverosímil es cuando otros espectros piden su ayuda, a lo "Sexto sentido". Esta trama necesitaría mucho más desarrollo y profundidad.
También le falta desarrollo a la trama secundaria del novio de Elisa y la desaparición de su padre. En mi opinión sobra. Igual que la de la vecina loca.
Como también sobran las dos primeras páginas del principio que no atrapan y ralentizan la acción que tarda mucho en comenzar.
Es un claro ejemplo de novela al servicio de la historia de la literatura, en este caso Lope de Vega, pero con un esquema y unas tramas secundarias erráticas.

Autora: Huertas, R.
Título: Tuerto, maldito y enamorado.
Editorial: Edelvives, 2010
Número de páginas: 235
Valoración: Regular. Adecuado para jóvenes que quieran saber más de Lope de Vega de una manera entretenida. 


"Cuando miré al otro lado, el hueco vacío se había llenado con una presencia inquietante. Un rostro humano me miraba desde otro tiempo, era un joven cuyos contornos se desdibujaban en el aire compacto que nos separaba. Su único ojo descubierto, gris como el día, me miraba con la fijeza de un águila a su presa. El otro lo tapaba un parche negro que añadía desolación a la ya espantosa figura.
No pude escaparme de su presencia fantasmal, permanecí inmóvil a mi pesas. Una fuerza desconocida me retenía y me obligaba a mirar en dirección al ojo gris que no mostraba amenaza, más bien expresaba desesperación".

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