"Don Juan Tenorio"

Don Juan Tenorio, un calavera, juerguista  y mujeriego, regresa a Sevilla a encontrarse con don Luis Mejía, un amigo con el que hizo una apuesta un año antes. Consistía ésta en competir en robos, seducciones y abusos. En el encuentro, que se realiza en una taberna, se encuentra, de manera secreta, Don Gonzalo el padre de doña Inés, la prometida de don Juan, que aguarda a la boda en un convento.

Don Juan resulta ganador y aún añade otra apuesta: en un día conseguirá conquistar a doña Ana, la prometida de don Luis con la que se casará a la mañana siguiente; y a doña Inés. Lo logra, pero al conocer a doña Inés, se enamora de ella de tal modo, que se arrepiente de todos los ultrajes, asesinatos y excesos de su vida. Y decide cambiar.

Secuestra a doña Inés, pero antes de partir hacia Italia con ella, acude a rescatarla don Gonzalo al que don Juan da muerte.

Don Juan huye abandonando a doña Inés.

Cinco años después regresa don Juan a Sevilla y en su casa familiar encuentra un panteón, en el que su padre ha mandado enterrar a todas las personas que su hijo asesinó. Enseguida descubre que entre las lápidas no se encuentra solo…

Difícil resulta escribir aquí sobre la obra de teatro más representada de la literatura castellana. Después de ciento cincuenta años aún estremece el verla, especialmente la noche de los difuntos.
Sobre el mito de don Juan Tenorio se han escrito innumerables versiones a lo largo de la historia, pero la de Zorrilla, escritor romántico, es la más conseguida. Una obra maestra.


Autor: Zorrilla, J.
Editorial: Espasa
Año de edición: 2000
Valoración: Obra maestra.

Edad: A partir de los 16 años. Se recomienda un acercamiento al texto viendo primero la representación en el teatro.
(En la ciudad de Alcalá de Henares, Madrid, se representa el 31 de octubre y el 1 de noviembre. Entrada gratuita)

“Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé
yo a los palacios subí,
yo a los claustros escalé,
y en todas partes dejé,
memoria amarga de mí”. (500)

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