¿Por qué escribí "¡Buenos días, princesa!"?

Todo empezó hace unos años. Estaba de vacaciones en el Puerto de Pajares en Asturias. Un día bajé a la piscina de un pueblo de León. La piscina municipal no era muy grande pero estaba bien cuidada. Antes de bañarme, metí un pie en el agua para saber con que temperatura me iba a enfrentar: ¡Helada! Saqué el pie medio morado. Demasiada fría para mí, mujer criada en el Mediterráneo, y decidí prescindir del baño de agua que sustituí por uno de sol. Pero allí tumbada, veía a los lugareños entrar y salir, jugar y tirarse de cabeza sin el menor reparo, y comencé a decirme:
-¿No vas a ser capaz de bañarte? ¿Tienes miedo, cobarde?
Los reproches me hirieron el orgullo y diez minutos antes de irme, me bañé. Para evitar el infarto, entré en el agua despacio y nadé todo lo que pude.
Regresé a Madrid y enseguida me constipé. Los síntomas catarrales aumentaron poco a poco y el día 2 de agosto acabé en la cama con 39º y una neumonía.
Después de 15 días en la cama sin moverme, fui capaz de sostener un libro con ambas manos. Uno de ellos fue "¡Qué maleducado!" de Paker. Me reí tanto, que me produjo un dolor en el torax, que empeoró con mi tos y pensé que me había roto una costilla. Así que tuve que ir a urgencias.
Desde un tiempo atrás venía ya pensando en la necesidad de educar en estilo y buenas modales a determinada gente joven que sólo viste con chandal, te eructa en la cara y no se lava los dientes.
¿Por qué sólo para chicas? Libros "mixtos" ya hay muchos y muy buenos. Yo toco temas que, en principio, sólo interesan al público femenino (por ejemplo, los zapatos de tacón).
Por que "mujer guapa pero sin inteligencia es como anillo de oro en morro de cerdo".

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